Comedor escolar con cocina propia: calidad y nutrición en Altaduna-Saladares
Descubre cómo nuestra cocina in situ, productos de proximidad y nutricionistas transforman la alimentación escolar en un espacio educativo clave: así es el comedor escolar con cocina propia de Altaduna-Saladares
En un mundo donde la alimentación es cada vez más un pilar fundamental de la salud y el desarrollo, los centros educativos se enfrentan al desafío de ofrecer algo más que una simple comida. En Altaduna-Saladares, este desafío se ha convertido en una filosofía, un compromiso que se materializa en su comedor escolar con cocina propia, un espacio donde la nutrición, la educación y los valores se entrelazan de forma inseparable.

Recientemente, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, tuvimos el privilegio de adentrarnos en el corazón culinario de Altaduna-Saladares de la mano de María José Morante, la coordinadora del servicio de comedor. Su testimonio revela una realidad que dista mucho de los modelos de catering externo, ofreciendo una visión de cómo un enfoque integral en la alimentación puede marcar la diferencia en la vida de los alumnos.
El sabor de lo auténtico: cocina propia y productos de proximidad
Uno de los pilares que definen la calidad del comedor de Altaduna-Saladares es, sin duda, que se trata de un comedor escolar con cocina propia. Como bien explicó María José Morante, «en nuestros cole tenemos cocina in situ, es decir que se elaboran las comidas diariamente». Esta característica no es un detalle menor; significa que cada plato se prepara desde cero cada día, garantizando una frescura y un control de calidad que difícilmente se logran con servicios de catering externos.
La frescura de los ingredientes es una prioridad, y para ello, el colegio apuesta firmemente por los productos de proximidad. «Los proveedores son siempre de proximidad», afirma Morante, destacando el compromiso con los productores locales y con la sostenibilidad. Esta elección no solo beneficia a la economía de la región, sino que asegura que los alimentos llegan a la mesa en su punto óptimo de maduración y con todas sus propiedades nutricionales intactas. Desde las verduras de la huerta almeriense hasta el pescado fresco, cada ingrediente es seleccionado con el máximo rigor.
Nutrición con ciencia: menús diseñados por expertos
Detrás de cada menú equilibrado y apetitoso, hay un equipo de profesionales dedicados. Los menús de Altaduna-Saladares son «elaborados por nuestro grupo de nutricionistas», tal y como señaló María José, refiriéndose a expertas como Sonia Manzano y Maider Pellejero, quienes trabajan desde la central de Serunión para diseñar planes de alimentación completos.
Estos menús no son improvisados; se basan en una «ronda de 8 semanas», lo que garantiza variedad y el aporte de todos los nutrientes necesarios a lo largo del ciclo escolar. Además, el equipo de nutricionistas no solo elabora los «menús basales», sino que también se encarga de las «derivaciones de los menús de nuestros alérgicos», asegurando que cada alumno, independientemente de sus necesidades dietéticas especiales, reciba una alimentación segura y adecuada. La transparencia es clave: «en el menú basal también podréis ver que viene el valor nutricional de todo el mes completo y por semanas», ofreciendo a las familias una información detallada y accesible.
La prioridad en la planificación es clara: «intentamos siempre hacer los menús que lleven sus dos legumbres a la semana». Las legumbres son una fuente fundamental de proteínas y fibra, y su inclusión regular es vital para una dieta sana. Además, se hace un esfuerzo consciente para que los niños «se acostumbren a comer verdura», integrándolas de forma atractiva en los platos. Un ejemplo reciente fueron «los garbanzos de ayer que iban con su verdurita para que los niños lo vean, se acostumbren a comer».
En cuanto a las proteínas, el pescado ocupa un lugar destacado, siempre preparado de la manera más saludable: «el pescado que sea siempre o casi siempre al horno o a la plancha». Los lácteos, por su parte, se ofrecen «una vez a la semana», priorizando «el consumo de fruta». De hecho, «cuando hay lácteo también le ofrecemos a los niños una pieza de fruta», fomentando así un hábito alimenticio saludable y la elección consciente de opciones frescas.
Más allá del plato: el comedor como extensión educativa
El compromiso de Altaduna-Saladares con el bienestar de sus alumnos trasciende la mera provisión de alimentos. El comedor escolar con cocina propia se concibe como «un espacio más para educar», un aula adicional donde se aprenden lecciones tan importantes como las académicas.
Aquí, los alumnos no solo nutren su cuerpo, sino que también cultivan valores y modales. Aprender «a sentarse bien en la mesa, a coger los cubiertos» son aspectos fundamentales de la educación integral. Es un lugar donde se refuerza el respeto por la comida, por los compañeros y por el personal, promoviendo un ambiente de convivencia armónico. Como concluye María José Morante, «es un trocito más de nuestro cole», subrayando la integración perfecta del comedor en la propuesta educativa global del centro.
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