Carrera Solidaria: acción que transforma
Hay aprendizajes que no se olvidan porque no se estudian en un libro: se viven. La reciente carrera solidaria celebrada en Puertapalma-El Tomillar es uno de esos ejemplos que explican, mejor que cualquier definición, qué significa educar en la agencia dentro del Programa de la Escuela Primaria (PEP) del IB.
La iniciativa nació de tres alumnos —dos de PEP 8 y uno de PEP 9— que decidieron poner en marcha un proyecto con un propósito claro: ayudar al Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Nadie les asignó la tarea. No formaba parte de una evaluación. No respondía a una actividad obligatoria. Fue una decisión propia.
Cuando la agencia se convierte en realidad
En el PEP del IB hablamos de agencia como la capacidad del alumno para tener voz, tomar decisiones y asumir las consecuencias de sus actos. Sin embargo, la agencia no se explica: se ejerce.
La carrera solidaria fue una oportunidad real para hacerlo. Los alumnos idearon la propuesta, la organizaron y la comunicaron a sus compañeros de Primaria. Diseñaron el sistema de participación, prepararon los carnets de patrocinadores y explicaron personalmente el sentido de la actividad: correr para recaudar fondos destinados a mejorar la vida de personas mayores.


Cada participante buscó patrocinadores entre su entorno cercano —padres, abuelos, tíos o padrinos— y anotó en su carnet las aportaciones recibidas. De este modo, la actividad no solo implicó esfuerzo físico, sino también comunicación, compromiso y responsabilidad. Los propios alumnos explicaban por qué corrían, qué significaba que fuera una acción solidaria y cuál sería el destino de lo recaudado.
Educación en valores con impacto real
La carrera solidaria se celebró en el marco de la Semana de los Enfermos, un contexto que ayudó a profundizar en el sentido de la iniciativa. No se trataba únicamente de reunir una cantidad económica, sino de comprender que la educación implica mirar más allá de uno mismo.
Durante el proceso, los alumnos desarrollaron habilidades organizativas, capacidad de planificación y sentido de la responsabilidad. Tuvieron que coordinar tiempos, prever materiales, resolver pequeños imprevistos y asegurarse de que cada detalle estuviera cuidado. Ese aprendizaje práctico fortalece la autonomía y la seguridad personal, dos aspectos esenciales en el desarrollo integral.
Al mismo tiempo, experimentaron algo difícil de enseñar de forma teórica: la satisfacción de contribuir al bienestar de otros. Saber que el esfuerzo compartido tendría una repercusión concreta en el asilo dio profundidad y coherencia a cada paso dado.


Un modelo educativo que acompaña sin sustituir
En Puertapalma-El Tomillar entendemos que fomentar la iniciativa no significa dejar solos a los alumnos, sino acompañarlos sin sustituir su protagonismo. En esta carrera solidaria, el papel del colegio fue ofrecer el marco, los recursos y la orientación necesaria para que pudieran llevar su propuesta a cabo con éxito.
Este equilibrio es clave. Cuando un alumno percibe que su idea es escuchada y que cuenta con el respaldo adecuado para desarrollarla, aprende que sus decisiones importan. Esa confianza construye liderazgo, compromiso y capacidad de servicio.
La actividad no fue un hecho aislado, sino una expresión coherente de nuestro proyecto educativo: formar personas que piensen, actúen y se responsabilicen de su entorno. La agencia no es un concepto añadido; forma parte de la identidad pedagógica del PEP y de nuestro modo de entender la educación.
Más que una actividad puntual
La carrera solidaria dejó huella en quienes participaron y también en quienes la organizaron. Para los más pequeños, supuso descubrir que pueden implicarse en causas reales. Para los mayores, fue la confirmación de que una idea bien trabajada puede movilizar a toda una comunidad.
Cada euro recaudado fue entregado a los tutores para hacerlo llegar al asilo, cerrando así un proceso que comenzó con una propuesta y terminó en una acción concreta de ayuda. Esa coherencia entre intención y resultado es, en sí misma, una lección de vida.
Formar alumnos capaces de identificar una necesidad, diseñar una respuesta y llevarla a cabo con responsabilidad es uno de los mayores logros educativos. La experiencia vivida demuestra que cuando se ofrece espacio para decidir y actuar, los alumnos crecen en madurez y compromiso.
En definitiva, esta carrera solidaria ha sido una muestra clara de cómo la educación puede convertirse en acción que transforma. No solo transforma una realidad externa, sino también a quienes se implican en ella. Y eso es, precisamente, lo que buscamos cada día: que nuestros alumnos aprendan a mejorar el mundo empezando por lo que tienen más cerca.





