Como tú lo harías

Pedagogía de alto rendimiento en competencias y valores para la vida

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Saber escuchar en tiempos de coronavirus

Por Mariam Sánchez Ruiz-Granados 

En la vida de cada persona, hay un factor en el que tal vez pensamos poco y puede ser importante ¿Sé escuchar? ¿Tengo en cuenta las cosas que dicen los demás? ¿No sería más feliz si estuviera atento a los mensajes que pueden cambiar mi corazón y mejorar mi modo de vivir? Es algo que en estos momentos tan originales, nos puede servir plantearnos.

La escucha a uno mismo

Sentirse interpelados por los acontecimientos, es una sana costumbre. Esta epidemia vino de manera rápida, y de la noche a la mañana nos encontramos con un fuerte cambio en nuestras vidas. 

Teníamos programado ya nuestro año, los beneficios que tendría la empresa, lo que haríamos en verano… y, todo eso dio un vuelco. 

Por otra parte, a nosotros que nos gusta ser tan eficaces y arreglar los problemas saliendo de casa con prisas, resulta que nos encontramos con que lo que se nos pedía era que nos parásemos, que estuviéramos en casa. ¡Cuánto nos hubiera gustado  poder intervenir directamente! Este parón en seco, es un buen modo de sentirnos interpelados.

aprender a escuchar cuando nos sentimos interpelados.

En el ámbito de la escucha hay un primer paso, imprescindible, que es el de la escucha a uno mismo. Este virus, nos ha hablado y nosotros ¿Cómo hemos respondido?. Es un momento óptimo para pensar ¿Cómo reacciono ante las situaciones? ¿Qué influencia tiene mi trabajo en mi vida? ¿Soy capaz de hacerme a nuevas circunstancias? Es enriquecedor oír al propio corazón, meterse en el interior: con respeto, seguros de nuestra valía, y bien conscientes de que podemos ir mejorando y ser cada vez más felices, mejores personas.

Cuando nos acostumbramos a escucharnos, ganamos en conocimiento propio y tomamos buenas decisiones. No creo que haya enormes cambios después de esta epidemia, pero con un poco de sabiduría, cada uno podemos tomar alguna pequeña resolución para que al acabar esto, sepamos vivir mejor, trabajar con más calma y eficacia y pasar más tiempo con nuestra familia. 

Sólo quien se escucha a así mismo, es capaz de abrirse a los demás.

¿A quién escuchar?

Es duro lo que ha pasado y lo que está pasando, pero hay algunos aspectos muy aprovechables. Se le podría denominar a este virus, el virus de la conversación. Ha sido maravilloso poder contar con las redes sociales para contactar con tanta gente. Enseguida hemos sentido la necesidad de encontrarnos de alguna manera con esas personas que no conviven con nosotros: padres, amigos, personas del trabajo, e incluso gente con la que no hablábamos hace tiempo y que nos interesaba saber cómo se encontraban.

¡Cuánto  relaja la conversación!, ¡Qué bien se está hablando con alguien de lo suyo, de lo nuestro, de lo trascendente, de lo intrascendente! Llamadas sin ningún para qué; sólo con un “porque me interesas, porque me apetece, porque estás en mi corazón…”

¿A quién escuchar en estos momentos?

¿Hay una jerarquía? Siendo la familia siempre lo primero, pienso que durante esta situación tenemos que procurar escuchar en primer lugar a los más desfavorecidos. Oír el sufrimiento de los demás, acercarnos a quien pasa por un momento profesional inquietante, tiene a un familiar enfermo, está en casa rodeado de hijos pequeños que requieren una atención continua, o … por su carácter es propenso a preocuparse por todo y ahora siente miedo ante las consecuencias de esto. No siempre podemos solucionar, pero sí está en nuestra mano reconfortar, dar compañía, escuchar.

En el ambiente familiar, ahora de modo principal, los hijos son los grandes escuchadores; ¿Qué mensajes les transmitimos? Y… puede ayudar el que sea algo normal estar en las zonas comunes de la casa: cuarto de estar, cocina… haciendo cosas juntos. Es un modo de escuchar este estar unos con otros: Uno pinta, otro juega y alguno lee, otro se prepara una reunión… – la televisión está apagada- pero estamos cerca. , probablemente en silencio.

Por supuesto el marido y la mujer, ahora podrían tener  aunque sea 15 minutos para estar solos los dos. Comentando algo, tomando un refresco o simplemente estando cerca el uno del otro. Corremos el peligro de estar muy dedicados al trabajo- que puede que ahora sea más abundante-,  a los hijos y, descuidando el amor.

En el trabajo. Ahora mucho es por mails, por vídeo conferencia… podemos tener en cuenta al responder un mail que, estamos contestando a una persona… y no a un ordenador. Iniciar y terminar los escritos con  un saludo delicado que contribuye a dar ese baño de humanidad a la profesión. Seguro que ahora somos más conscientes de la importancia del trabajo en equipo, de que las cosas van mejor con la opinión de los demás, y de que el mejor modo de ser infeliz en el trabajo es dedicándose exclusivamente a lo propio. La comunicación fluida en una empresa, seguro que presenta un mejor servicio a la sociedad.

Las fases de la escucha

El coronavirus ha puesto en nuestra cabeza el tema de las fases, y también en la escucha podemos planteárnoslas, con la ilusión de que se vive muy feliz, cuando se toma la decisión de la apertura a los demás, de no quedarse encerrados en el propio mundo, de abrirse en abanico a opiniones diferentes, a puntos de vista contrarios, a planteamientos de la vida nunca antes pensados por nosotros.

Mirar, escuchar, reflexionar

A lo mejor estas fases pueden ayudarnos.

1. Un poco de silencio. ¿Somos capaces de estar en silencio o necesitamos el ruido?. El silencio conforta, tranquiliza, da paz. Es bueno buscarlo en algunos momentos del día. Ese silencio además nos ayuda a reflexionar y a tomar buenas decisiones. No tendría sentido un silencio que sólo fuera no oír ruido, la reflexión debe ir acompañada de la decisión.

2. Observar a los demás, y admirarlos. Dejar de obsesionarnos con lo que nos gustaría que cambiara el otro, y empezar a mirar con serenidad el modo de actuar, de la otra persona.  Aprender eso que hay en los otros y que es exclusivo suyo.

3. Lanzarnos a una escucha diferente de las personas que tenemos a nuestro lado. Adoptar esas posturas tan humanas: mirar con interés y cariño, hacer caso de lo que nos dicen los otros, guardar silencio hasta que la persona termine su discurso, hablar de lo que los otros quieren sin exigir que sea interesante para nosotros, poner inteligencia y corazón en lo que nos dicen…

El arte de escuchar es precioso, lleva por delante la decisión maravillosa de vivir para los demás y como todo arte, es mejorable siempre y se disfruta con él.

 A veces puede parecernos que la vida propia ya tiene bastante emoción como para que me meta en la vida de los otros, pero es que, si no vivimos así, nos perdemos algo increíble, nos empequeñecemos y anulamos la posibilidad de enriquecernos como personas. Son los otros los que nos mejoran… no hay otro modo de crecer en humanidad y en felicidad.

Te invitamos a escuchar una conferencia que la autora dio sobre este tema.

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