Manu Velasco en Tierrallana Entrepinos

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Educar con las 3 TIC: tiempo, interés y cariño

Manu Velasco inspira al equipo humano de Tierrallana-Entrepinos en una jornada de formación centrada en la educación con corazón

El pasado 25 de octubre, el salón de actos del Colegio Tierrallana-Entrepinos se llenó de emoción, reflexión y entusiasmo educativo. Profesores, personal de administración y servicios, y matrimonios encargados de curso participaron en una jornada de formación muy especial, guiada por Manu Velasco Rodríguez, docente, conferenciante y referente en educación humanista.

Bajo el título “Educar con las tres TIC: tiempo, interés y cariño”, el encuentro fue una invitación a redescubrir la esencia de la tarea educativa desde una mirada más humana, cercana y transformadora.


Educar desde el corazón

Desde el primer momento, Manu Velasco consiguió conectar con los asistentes a través de su estilo cercano y su profundo amor por la educación. Con sencillez y ternura, recordó que “hay que ser expertas en leer miradas. Cuanto menos habla un niño, más hay que escucharlo”.

Con esta frase, invitó a todos a mirar más allá de las palabras y a poner el foco en las emociones y necesidades de cada alumno. En sus palabras, “educar es acompañar, comprender, ofrecer presencia y escucha”.

A lo largo de su intervención, Manu fue tejiendo una reflexión que combinó anécdotas personales, humor y momentos de silencio que invitaban a pensar. Su mensaje, lleno de autenticidad, tocó el corazón de quienes cada día viven la vocación de educar.


Los puentes que unen

Uno de los momentos más inspiradores de la jornada llegó cuando Manu Velasco compartió una de sus ideas más representativas: “Los puentes unen y educar es unir”.

A través de esta metáfora, explicó cómo el papel del educador —sea docente, padre, madre o miembro del personal del colegio— consiste en tender puentes entre personas, entre generaciones, entre sueños y realidades.

Recordó que la educación no solo transmite conocimientos, sino que construye vínculos que transforman vidas. Animó a los presentes a seguir construyendo comunidad educativa, a caminar juntos y a apoyarse mutuamente, porque “cuando la educación se vive en equipo, florece en cada rincón del colegio”.


Humanizar las escuelas

El corazón de su mensaje giró en torno a una idea fundamental: “Hay que humanizar las escuelas”.

Velasco invitó a todos los profesionales del centro a poner el acento en las personas antes que en los resultados. Defendió una educación donde los alumnos se sientan mirados, valorados y comprendidos.

“Nuestra manera de evaluar y tratar a un alumno puede cambiar su vida”,
afirmó con convicción, generando un silencio de reconocimiento en el auditorio.

Estas palabras resonaron especialmente entre los asistentes, que compartieron la importancia de mantener viva la empatía, la paciencia y la alegría en el día a día. Porque, como recordó Manu, “una mirada amable puede ser el inicio de un gran cambio”.


Una comunidad que aprende y crece

La jornada no solo fue una ponencia, sino una auténtica experiencia de encuentro. Entre risas, reflexiones y momentos compartidos, se respiró un ambiente de gratitud y compromiso.

Los asistentes salieron del salón con la sensación de haber renovado su vocación educativa, conscientes de que educar con tiempo, interés y cariño es el camino para dejar una huella imborrable.

El Colegio Tierrallana-Entrepinos reafirma así su compromiso con la formación continua de toda su comunidad. Actividades como esta refuerzan su apuesta por una educación que combina la exigencia académica con la calidez humana, y que pone en el centro a la persona como protagonista de su propio crecimiento.


Educar con las tres TIC

El mensaje de la jornada quedó grabado en quienes asistieron: educar con tiempo, interés y cariño.

Tres palabras sencillas que, en su conjunto, resumen la misión educativa del colegio y la visión inspiradora que Manu Velasco quiso transmitir.

Porque, como él recordó, la educación más profunda no siempre se mide con notas ni con números, sino con la capacidad de tocar vidas, acompañar procesos y sembrar esperanza.

Y así, entre aplausos y sonrisas, terminó una jornada que recordó a todos los presentes que educar es, ante todo, un acto de amor.

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