Como tú lo harías

Pedagogía de alto rendimiento en competencias y valores para la vida

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Es muy probable que este confinamiento nos haya situado en una posición en la que no nos habíamos encontrado desde hace mucho tiempo, o nunca: educar a tiempo completo a nuestros hijos. En el mejor de los casos puede que no sea muy distinto a cómo pasábamos las vacaciones, pero también puede que lo estemos compatibilizando con el teletrabajo, con las clases de los pequeños, en mitad de una situación de incertidumbre laboral y/o con la tensión de quien ya lleva cuarenta y pico días encerrado en un espacio reducido.

Quizá no seamos del todo conscientes de todo lo que estos días estamos educando a nuestros hijos.

La vida cotidiana es uno de los grandes recursos educativos con los que pueden y deben contar los padres y educadores en los primeros años de vida. Los hábitos, al igual que las rutinas, son de vital importancia para la vida de los niños. Gracias a ellos son capaces de crecer en un ambiente tranquilo y estable en el que el pequeño se siente seguro, además de aportar constancia y perseverancia.

En Attendis siempre se ha tenido muy claro que la autonomía y el esfuerzo son pilares básicos en la educación de nuestros alumnos. Y para el desarrollo de la autonomía es fundamental trabajar en la creación de hábitos y rutinas desde pequeños: hora de acostarse, orden en casa, la comida, el uso de la TV y las nuevas tecnologías, etc.

Rutinas diarias

Dice Rudolf Dreikurs que «las rutinas diarias son para los niños lo que las paredes son para la casa, le da fronteras y dimensión a la vida. La rutina da sensación de seguridad» creando «un sentido de orden del cual nace la libertad». Saber perfectamente lo que tienen que hacer y ser capaces de llevarlo a cabo les produce un estado de tranquilidad.

Los hábitos ayudan a tener algo fijo, una pequeña parte de su mundo que no cambia y, además, establece buenas costumbres que les ayudan ser más autónomos y responsables.

Hay varios tipos de hábitos que podemos fijar en los niños adaptándolos a su edad:

  • Higiene: lavarse las manos antes de comer, limpiarse los dientes después de las comidas, aprender a bañarse, ducharse, que sea sensible sobre su propio estado de limpieza, autonomía en el cuarto de baño, etc. En estos momentos precisamente cobra una especial importancia hacer de la higiene una rutina divertida. 
  • Orden: tirar su propio pañal, recoger los platos, reciclar, orden en su habitación y sus zonas de juego, ser sensible y cuidadoso con las cosas materiales, etc.
  • Vestido: aprender a vestirse sólo, orden en su armario, identificar la ropa sucia y llevarla al espacio destinado para su limpieza.
  • Comida: comer en familia, uso de los cubiertos, normas de educación en la mesa, trabajar la paciencia y el orden de las comidas, etc. Aprovechar este confinamiento para prolongar esas comidas en familia en ratos y conversaciones relajados y tranquilos.
  • Vida en familia: trato con el resto de los miembros de la familia, poner la mesa, colaborar en el orden los espacios comunes, rezar en familia y acompañarle en sus oraciones personales, tareas de limpieza, aprender a vivir con buen humor, etc.

Mantener los hábitos

En la educación resulta fundamental no desesperar con las repeticiones ya que esto nos permitirá que el niño desarrolle el hábito. Es inevitable que el crear un hábito le cueste esfuerzo, pero cada día ganado será una inseguridad perdida. Hemos de decidir lo que razonadamente le vamos a exigir, evitando pensamientos como “prefiero hacerlo yo, que acabo antes”. Estamos educando al niño a que sea autónomo; darle el resultado final sin que intervenga equivale a cercenar esa autonomía.

No dejarse llevar

Al mismo tiempo, debemos exigir de manera adecuada a su edad. Eso sí, exigir es una labor que requiere una gran dedicación que fácilmente puede verse mermada por el cansancio, el estado de ánimo, el lugar donde estamos…

Como padres, resulta sencillo dejarse llevar y ceder ante nuestros hijos en cuestiones donde deberíamos poner un nivel de exigencia alto. A veces nos cuesta el volver a la carga con los hijos tras un día agotador o simplemente porque la jornada ha sido de constante brega con los pequeños. En ese momento es duro “volver a coger las armas”, pero cada batalla que ganamos es una piedra más en la educación. No dejemos de exigir a nuestros hijos ni a nosotros mismos: todos los días y en todo lugar.

Exigencia desde el cariño

Muy relacionado con la exigencia de los padres está el hecho de que los padres sean una sola voz y que remen en la misma dirección. Mensajes como “esto con papa sí, pero con mama no” son demoledores. Debemos explicar a los hijos de forma clara y con pocas palabras qué es lo que queremos que hagan, dándoles seguridad y asegurándonos de que comprenden lo que les estamos pidiendo.

Resulta esencial trabajar y formarse para la familia: estudiamos para nuestros trabajos y nuestros hobbies, pero nuestra mayor empresa la tenemos en casa todos los días y para toda la vida.

Inmaculada Zapata es subdirectora del colegio Grazalema.

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